El Sporting paga la mala planificación con el descenso

La afición del Sporting volvió a ser lo mejor de la temporada. (Foto: El Comercio).
Llevaba aproximadamente un mes sin comentar nada sobre el Sporting. Criticar siempre los fallos y las derrotas de tu equipo cuando ves que este se va irremediablemente al pozo es tanto como hacer leña del árbol caído, lo que no me resulta interesante ni sano. Es algo que ya lo sabemos todos.

Hoy es el momento de revisar un poco cuales pueden ser los fallos -siempre todo es opinable- y cual puede ser el futuro del Sporting.

Afortunadamente y por empezar con algo positivo parece que la situación no es tan grave como en anteriores ocasiones en los que el Sporting se fue a Segunda. El riesgo económico no es tan acuciante -en principio, que luego siempre hay sorpresas- pero el riesgo estará siempre ahí mientras los propietarios del Sporting sigan siendo los mismos. Estos que están relativamente contentos con la marcha de la entidad. A nadie debería sorprenderle ya que para estas personas, inversores y gentes dedicadas a fabricar dinero con dinero, el fútbol no es más que una excusa. Sus relaciones con grupos de capital riesgo y similares engendros empresariales como el conocido Doyen Group nos invitan a pensar, que esto es una sociedad de inversión de valores pura y dura con una pátina futbolística que por una parte queda muy estética y por otra ayuda a aumentar los ingresos.

Por una parte, la entidad no parece correr peligro de desaparecer ni de sufrir escabrosos descensos administrativos, por ese mismo motivo los propietarios seguramente -salvo, nuevamente sorpresa- no van a abandonar el barco. Y con ello, tampoco van a cambiar la forma en la que gestionan la sociedad.

Abelardo ha sido un engranaje más de ese sistema, que responde al modelo de persona popular para la mayor parte de la grada, y más o menos manejable desde el consejo de administración. Todo un éxito para mantener alejadas las miradas de los amplios detractores de la familia Fernández, que a pesar de estar a favor de la salida del club estos después de más de 25 años, ansían apoyar al club de sus amores. Así, colaborando sin querer indirectamente con la causa de los Fernández. El plan perfecto. De hecho los pitos y las protestas contra el palco, aunque haberlos los ha habido esta temporada, no han pasado de ser algo puntual.

Abelardo y Nico Rodríguez han desarrollado una dura batalla por ver quien la tenía más grande. En principio ganó Abelardo, aunque después los fichajes de invierno de Nico han sido tan absolutamente catastróficos que la cosa ha devenido en un funesto empate final. Es lo malo de esto de tener un director deportivo que nunca se sabe muy bien si manda más que el entrenador o no. ¿Porqué no seguir con el antiguo sistema de ojeadores del club? Principalmente Abelardo enamorado del croata Cop, al que sus compañeros terminaron por enviar a la grada durante algunos partidos por presiones, amén de otros fichajes fracasados -o no realizados- es el culpable del desastre de esta temporada. En cuanto tuvo mano en el equipo, los resultados están a la vista.

Lo más triste de la planificación tan calamitosa de Abelardo y Nico, es que el mejor jugador del Sporting esta temporada, el gran Carmona, era un descarte. Y como tal, vio la primera parte de la liga presente desde la grada.

Rubi, debería de elegir mejor los equipos a los que va, porque ha sumado un descenso más en su haber personal, y eso nunca es bueno para un entrenador. No es fácil calificarle, ya que aunque algunas cosas mejoraron ligeramente, a veces se empeñó en cambios extraños, o sistemas que ya usaba Abelardo y que fracasaron -léase el 4-4-2 o el 5-3-2-

Para el futuro inmediato el problema será que el equipo deberá ser hecho prácticamente de 0. Después de varias temporadas de no fichar, o fichar muy mal, y de salidas que han empobrecido al equipo, el trabajo para plantear la campaña 17-18 en Segunda no va ser sencillo.

Mantengamos cierta esperanza forofa al menos, en que la planificación no va a responder a la precariedad y la casualidad, como ha sido siempre la tónica del Sporting desde finales del siglo XX, ya que la esperanza en que los gestores cambien es prácticamente nula.

Vuelvo a decir, que la única forma de forzar un cambio no sería ni más ni menos que vieran que nadie renueva su abono, y se quedasen solos con su triste negocio de valores. Por suerte o por desgracia, la afición del Sporting es demasiado apegada a sus colores, y con ese apego seguirán jugando los Fernández.

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